De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel Te he escrito con tanto detalle para que comprendas lo que fuiste para mí antes de mi encarcelamiento, a lo largo de esos tres años de fatídica amistad, lo que has sido durante mi encarcelamiento, que concluirá dentro de dos lunas, y lo que espero ser para mí mismo y para los demás cuando recupere la libertad. No puedo reconstruir mi carta ni volver a escribirla. Debes aceptarla tal como está, manchada en muchos sitios por las lágrimas, en otros con marcas de pasión y dolor, y entenderla como mejor puedas, con sus manchas, correcciones y demás. En cuanto a las correcciones y las erratas, las he hecho para que mis palabras fuesen la expresión absoluta de mis pensamientos y con la intención de no caer en la exageración ni en la falta de propiedad. El lenguaje necesita que lo afinen, como un violín: e igual que las vibraciones excesivas o demasiado escasas de la cuerda hacen que la nota suene desafinada, la falta o el exceso de palabras pueden estropear el mensaje. Tal y como está, cada frase tiene un sentido muy claro. No hay en ella nada de retórica, cada vez que he tachado o cambiado algo, por leve o elaborado que sea, ha sido con ánimo de expresar mi verdadera impresión y de encontrar un equivalente exacto para mi estado de ánimo. Todos los sentimientos que se me ocurren han encontrado así su expresión formal.