De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel Hay algunas cosas más de las que debo escribirte. La primera es mi quiebra. Hace unos dÃas me enteré, admito que con gran decepción, de que ya es demasiado tarde para que tu familia salde mi deuda con tu padre porque serÃa ilegal, por lo que todavÃa tendré que seguir mucho tiempo en mi dolorosa situación actual. Me resulta amargo porque las autoridades legales me han hecho saber que no puedo ni siquiera publicar un libro sin la autorización del sÃndico a quien tengo que rendir cuentas. No puedo firmar un contrato con el director de un teatro, o producir una obra sin que los recibos pasen a tu padre y al resto de mis acreedores. Creo que incluso tú admitirás ahora que la estrategia de «jugársela» a tu padre permitiendo que me llevara a la quiebra no ha sido el éxito brillante que suponÃas que serÃa. Al menos para mÃ, y tendrÃas que haber tenido en cuenta mis sentimientos de dolor y humillación ante la pobreza y no sólo tu propio sentido del humor por muy cáustico e inesperado que sea. De hecho, al permitir mi quiebra, igual que al obligarme a entablar el pleito, estabas plegándote a los deseos de tu padre y haciendo todo lo que él querÃa. Solo y sin ayuda habrÃa estado impotente desde el primer momento. Pero —por más que tú no quisieras desempeñar un papel tan horrible— siempre encontró en ti a su mejor aliado.