De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel Mi intención es pasar con mis amigos al menos un mes, y recuperar con su saludable y afectuosa compañía la paz, el equilibrio, un corazón menos torturado y un ánimo más apacible. Añoro extrañamente las grandes cosas sencillas y primarias, como el mar, que para mí no es menos madre que la Tierra. Tengo la impresión de que contemplamos demasiado la naturaleza y vivimos poco con ella. Percibo una gran cordura en la actitud de los griegos, que nunca hablaron de atardeceres, ni discutieron sobre si la sombra en la hierba era malva o no, pero comprendieron que el mar era para el nadador y la arena para los pies del corredor. Amaban los árboles por la sombra que arrojaban y el bosque por su silencio a mediodía. El viñador se trenzaba hojas de hiedra en el cabello para protegerse del sol mientras se agachaba entre los zarcillos, y el artista y el atleta, los dos arquetipos que nos legó Grecia, trenzaron guirnaldas con las hojas del amargo laurel y el perejil silvestre, que no tenía otra utilidad.