De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel De nuevo, se cometió un error flagrante en la estimación del señor Hargrove. Se le consideraba un abogado de la clase de Humphreys, que amenazarÃa para llegar al final, que fanfarronearÃa, extorsionarÃa y demás. Más bien al contrario. Es un hombre de gran carácter y tiene una posición social sumamente buena. Dijera lo que dijera, pretendÃa decirlo. La idea de ponerme a mà —un desdichado y paupérrimo preso— a luchar contra el señor Hargrove y sir George Lewis fue grotesca. La idea de pujar contra ellos, absurda. El señor Hargrove —el abogado de la familia Lloyd desde hace treinta años— le avanzarÃa diez mil libras esterlinas a mi esposa si ella quisiera, sin lamentarse. Le pregunté al señor Holman si en caso de divorcio el acuerdo matrimonial no se rompÃa ipso facto. No recibà respuesta alguna. Resulta que es como sospechaba.