De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel y mis amigos realmente deben enfrentarse al hecho de que (dejando a un lado los detalles en mi acusación que pertenecen a mi amigo del alma, tres en número) no estoy en la cárcel como un hombre inocente. Por el contario, mi historial de perversidades pasionales y romances trastornados llenaría muchos volúmenes escarlata. Creo necesario mencionarlo —por muy sorprendente, y sin duda chocante, que pueda parecer a muchos— porque en su carta More Adey me dice que la otra parte estará obligada a aportar detalles precisos de las fechas y los lugares y las circunstancias exactas de los terribles cargos que presentan contra mí. ¿De veras se imagina que si me sometiera a más interrogatorios me creerían? ¿Propone que lo haga, y que repita el fiasco de Queensberry? Se da el caso de que los cargos no son ciertos. Pero eso es un mero detalle. Si un hombre se emborracha, carece de importancia que lo haga con vino blanco o tinto. Si un hombre tiene pasiones perversas, también carece de importancia el modo particular en que se manifiestan.