De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel Desde el principio dije que confiaba plenamente en la condonación de mi esposa. Ahora descubro que ninguna condonación tiene valor alguno cuando se puede acusar de más de un delito. Mi esposa simplemente tiene que decir que condonó X, pero que no sabía nada de Y, y no quiere ni oír hablar de condonar Z. Hay un libro de un chelín —nueve peniques al contado— llamado Every Man his Own Lawyer [Cada hombre, su propio abogado]. Si mis amigos me lo hubieran mandado, o incluso si lo hubieran leído ellos mismos, todo este embrollo, estos gastos y este quebradero de cabeza se habrían evitado. No obstante, aunque te he echado la culpa ab initio, ahora estoy de un humor que me hace pensar que todo lo que sucede es para mejor, y que el mundo no es un mero caos en el que el azar y la inteligencia chocan. Lo que debo hacer es simplemente lo siguiente. Tengo que aceptar el divorcio. No creo que el gobierno pueda procesarme de nuevo. Incluso para el gobierno británico, sería un procedimiento demasiado brutal. Antes de eso, también tengo que devolver a mi esposa mi usufructo del acuerdo económico antes de que se me retire. En tercer lugar, tengo que declarar que no aceptaré absolutamente nada de ella en forma de ingresos o pagas. Esta parece la manera más simple, directa y caballerosa de hacerlo. Es un duro golpe para mí. La pérdida legal de mis hijos me duele en lo más hondo.