De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel Mi amistad con A. D. primero me llevó al banquillo del tribunal penal, luego al banquillo del tribunal de quiebras, y ahora al tribunal de divorcios. Que yo sepa (sin el manual de un chelín sobre el tema), ya no hay más tribunales ante los cuales pueda llevarme. Si es así, puedo respirar tranquilo. Pero quiero que consideres seriamente mi propuesta, y que le pidas a More que haga lo mismo, y a su abogado, y que me escribas, y que More me escriba también, lo antes posible. Creo que mi esposa no tendrá nada que objetar a devolver las setenta y cinco libras esterlinas pagadas por la damnosa haereditas[14] de mi usufructo. Es bastante justa en asuntos de dinero. Pero personalmente espero que no haya negociaciones. Se ha cometido un grave error. Es preciso aceptarlo. Propongo que se devuelva mi usufructo a mi esposa, que es su propietaria legítima, como mi regalo de despedida. Ello hará menos ignominiosa mi renuncia al matrimonio que esperar a que se ejecute por coerción legal. Estar casado o no es un asunto que no me preocupa. Durante años ignoré la atadura. Pero la verdad es que creo que para mi esposa es duro estar atada a mí. Siempre lo he pensado. Y, aunque pueda sorprender a algunos de mis amigos, tengo muchísimo apego a mi esposa y lo siento mucho por ella. Espero de corazón que tenga un matrimonio feliz, si vuelve a casarse. Ella no podía entenderme, y yo estaba muerto de aburrimiento de la vida conyugal. No obstante, su carácter tenía rasgos dulces y era maravillosamente fiel a mí. Sobre la cuestión de mi renuncia a todo, te ruego que More y tú escribáis de inmediato a quien corresponda, una vez que hayáis considerado el asunto.