De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel Ya ves, Robbie, cuán equivocado estabas al fingir ante mí que llevabas a cabo mis deseos y los de mi esposa, cuando en realidad hacías exactamente lo contrario. Todos cometemos el error de pensar que la vida es compleja. No lo es. Somos nosotros los complejos, y la gente piensa que los planes inteligentes, astutos y llenos de rodeos son los mejores. Son los peores. La vida es bastante sencilla. La gente compleja desperdicia la mitad de su fuerza tratando de ocultar lo que hace. ¿Es de extrañar que siempre acaben mal?
Ahora, querido Robbie, considera mi propuesta. Creo que mi esposa, que en cuestiones de dinero es muy honrada y magnánima, devolverá las setenta y cinco libras esterlinas que le han pagado por mi parte. No me cabe ninguna duda. Pero creo que habría que ofrecérselo en mi nombre, y que yo no debería aceptar ninguna clase de ingreso de ella. Puedo aceptar lo que se me da por amor y afecto, pero no podría aceptar lo que se reparte a regañadientes o con condiciones. Pronto dejaré a mi esposa del todo libre. Puede que se case de nuevo. En cualquier caso, creo que si es libre me permitirá ver a mis hijos de vez en cuando. Eso es lo que quiero. Pero primero tengo que dejarla libre, y es preferible que lo haga como un caballero, inclinando la cabeza y aceptándolo todo.