De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel El sábado de la semana pasada, hacia la una, estaba en mi celda, ocupado en limpiar y lustrar los cacharros que había utilizado para el almuerzo. De repente me sobresaltaron unos chillidos atroces que rompieron el silencio de la cárcel, o más bien alaridos, pues al principio pensé que estaban sacrificando torpemente algún animal, como un toro o una vaca, fuera de los muros de la cárcel. Sin embargo, enseguida me di cuenta de que los alaridos procedían del sótano de la cárcel, y supe que estaban azotando a algún infeliz. No hace falta que diga lo espantoso y terrible que me pareció, y empecé a preguntarme quién era el hombre al que estaban castigando de ese modo tan repulsivo. De pronto se me ocurrió que debían de estar azotando a ese desdichado lunático. No hace falta que detalle mis sentimientos al respecto; no tienen nada que ver con el asunto.