De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel Su número es, o era, A.2.11. También conseguí descubrir su nombre. Se llama Prince. Habría que hacer algo por él de inmediato. Es soldado, y su condena es del tribunal militar. La pena es de seis meses. Ya han transcurrido tres. ¿Puedo pedirle que utilice su influencia para que se examine el caso y se compruebe que el preso lunático es tratado adecuadamente?[51]
Ningún informe de los inspectores médicos sirve de nada. No son de fiar. Los inspectores médicos no parecen comprender la diferencia entre la imbecilidad y la demencia —entre la absoluta falta de función de un órgano y las enfermedades en la función de un órgano—. El hombre A.2.11 será capaz, sin duda, de decir su nombre, la naturaleza de su delito, el día del mes, la fecha del inicio y el fin de su condena, y de responder cualquier pregunta normal y corriente, pero no cabe ninguna duda de que su mente está enferma. Por ahora bate un terrible duelo con el médico. El médico lucha por una teoría. El hombre lucha por su vida. Estoy ansioso por que gane el hombre. Pero que todo el caso sea examinado por expertos que entienden de enfermedades del cerebro, y por gente con sentimientos humanos que todavía tiene cierto sentido común y compasión. No hay razón alguna para que se pida al sentimental que intervenga. Siempre hace daño.