De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel Todo preso debería tener una provisión adecuada de buenos libros. Hoy en día, durante los primeros tres meses del encarcelamiento, no se permite ningún libro, salvo la Biblia, un libro de plegarias y un libro de salmos. Más adelante, se permite un libro a la semana. Eso no sólo resulta inadecuado, sino que los libros que componen una biblioteca común de una cárcel son absolutamente inútiles. Consisten, sobre todo, en llamados libros religiosos, de tercera y mal escritos, aparentemente redactados para niños y del todo inapropiados para los niños o cualquier persona. Habría que animar a los presos a leer, y deberían disponer de los libros que quisieran, y los libros deberían estar bien escogidos. Hoy en día, de la selección de los libros se encarga el capellán de la cárcel.