De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel En el sistema carcelario actual, al preso sólo se le permite ver a sus amigos cuatro veces al año, durante veinte minutos cada vez. Es una equivocación absoluta. Habría que permitir que el preso viera a sus amigos una vez al mes, y durante un tiempo razonable. Habría que cambiar el modo de presentar el preso a sus amigos. En el sistema actual, el preso está encerrado en una amplia jaula de hierro o en una amplia caja de madera, con una pequeña abertura, cubierta con una alambrada, a través de la cual puede mirar. Sus amigos están en una jaula parecida, a un metro de distancia, y en medio hay dos celadores de pie, para escuchar y, si lo desean, detener o interrumpir la conversación en cualquier momento. Propongo que se permita a los presos ver a sus parientes o amigos en una sala. Las normas actuales causan repulsión y tormento en extremo. Para cualquier preso, la visita de un pariente o amigo intensifica su humillación y su angustia. Muchos presos, antes que soportar semejante calvario, se niegan en redondo a ver a sus amigos. Y no puedo decir que me sorprenda. Cuando uno se entrevista con su abogado, le ve en una sala con una puerta de cristal, y al otro lado está el celador. Cuando un hombre ve a su esposa y sus hijos, o sus padres, o sus amigos, habría que permitirle el mismo privilegio. Ser exhibido como un mono en una jaula ante la gente que uno aprecia y que le aprecia a uno es una degradación innecesaria y horrible.