De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel es un terrible martillazo.
No conoce esa sed asquerosa
que lija la garganta antes que
el verdugo con sus guantes de jardinero
cruce la puerta acolchada
y le ate con tres correas de cuero[8]
para que la garganta no sienta sed jamás.
No inclina la cabeza para escuchar
el Oficio de Difuntos;
ni, mientras su espíritu aterrado
le dice que no está muerto,
cruza ante su propio féretro, al dirigirse
al infame cobertizo.
No se queda mirando el aire
a través de un tejadillo de cristal;
ni implora con labios arcillosos
que su agonía pase;
ni siente en su mejilla temblorosa
el beso de Caifás.[9]
Seis semanas anduvo por el patio el soldado
del andrajoso traje gris
y gorrilla en la cabeza;
y su paso parecía alegre y ligero
pero nunca he visto a un hombre que mirase
con más anhelo el día.
Nunca vi a un hombre que mirase