De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel allí era donde él tomaba el aire
bajo el cielo plomizo
y caminaba custodiado por dos guardias
por miedo de que el hombre muriese.
O bien se sentaba con quienes vigilaban
su angustia día y noche;
los que vigilaban cuando se levantaba a llorar
y cuando se encogía para rezar;
los que vigilaban que no pudiera robar
al cadalso su presa.
El director se mostraba firme
con el reglamento de la cárcel;[12]
el médico[13] decía que la muerte era sólo
un hecho científico,
y dos veces al día el capellán entraba
y le dejaba una estampita.
Y dos veces al día se fumaba una pipa
y se bebía su cuarto de cerveza;
su alma estaba decidida:
no albergaba espacio para el miedo;
a menudo decía alegrarse
de que el día del verdugo se acercase.
Pero ningún guardia osaba preguntarle
el motivo de tan rara afirmación
pues aquel cuyo trabajo es
vigilar al condenado,
sella sus labios con un candado