De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel y su rostro en máscara convierte.
De lo contrario podría conmoverse y tratar
de animar o consolar;
pero ¿qué haría la piedad humana
confinada en la guarida de los homicidas?
¿Qué palabra de aliento ayudaría
en espacio semejante el alma de un hermano?
Con paso indolente e inestable alrededor del círculo
ejecutábamos el desfile de los locos.
No importaba, sabíamos que éramos
la mismísima brigada del diablo:
las cabezas rapadas y los pies de plomo
componen una alegre mascarada.
Hacíamos jirones la soga embreada[14]
con sangrantes uñas romas;
frotábamos las puertas y fregábamos el suelo,
limpiábamos los brillantes barrotes
y fila por fila enjabonábamos la tarima
entrechocando los cubos.
Cosíamos los sacos, rompíamos las piedras
y hacíamos girar el empolvado taladro;[15]
golpeábamos escudillas, voceábamos himnos
y en el molino sudábamos,[16]
pero en el corazón de cada hombre
el terror se agazapaba quieto.
Tan quieto se agazapaba que el día