De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel como las plumas en una carroza fúnebre
y tan agrio como vinagre en una esponja[17]
era el sabor del remordimiento.
*
El gallo gris cantó, el gallo rojo cantó,[18]
pero el día no acababa de llegar;
y las torvas formas del terror se agazapaban
en los rincones donde yacíamos;
y cada espectro maligno que puebla la noche
ante nosotros parecía jugar.
Se deslizaban rápido, se deslizaban
como viajeros entre la niebla;
imitaban a la luna con un rigodón[19]
de estudiados giros y vueltas,
y con paso formal y repulsiva gracia
los fantasmas acudían a su cita.
Con muecas y mohines los veíamos pasar,
sombras delicadas de la mano;
aquí y allá, en fantasmal confusión
bailaban una zarabanda
y los malditos bufones construían arabescos
como el viento en la arena.
Con gestos de marionetas
brincaban de puntillas;
con flautas de terror llenaban los oídos,
mientras representaban su horrible mascarada;
alto cantaban, sin parar cantaban: