De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel ni dar lugar a nuestra angustia:
algo habÃa muerto en cada uno de nosotros
y ese algo muerto era la esperanza.
La inflexible justicia del hombre sigue su ruta
y no se desvÃa;
aplasta al débil, aplasta al fuerte,
con zancada mortal,
con talón de hierro golpea al fuerte,
¡la monstruosa parricida!
Esperábamos que dieran las ocho,
cada lengua espesa por la sed,
cuando la campana de las ocho marca el destino
que degrada a un hombre,
el destino que utiliza un nudo corredizo
para el hombre mejor y para el peor.
No tenÃamos nada que hacer,
salvo esperar que llegara la señal;[21]
como piedras en un valle solitario
nos sentábamos inmóviles y callados,
pero el corazón de cada hombre latÃa fuerte y rápido
como el loco golpea un tambor.
Con repentino golpe el reloj de la prisión
sacudió el aire estremecido,
y por encima de los muros se elevó un lamento
de impotente desesperación,
como el aullido de un leproso en su cubil