De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel que el asustado caminante oye.
Y así como se ven las cosas más terribles
en el espejo de un sueño,
vimos la grasienta soga de esparto
sujeta a la viga renegrida
y oímos la oración que el lazo del verdugo
estranguló en un aullido.[22]
Nadie tan bien como yo conocía
todo el dolor que así lo conmovía
y le obligaba a lanzar aquel amargo grito,
y la exaltada contrición y los sudores de sangre,
porque aquel que vive más de una vida
ha de morir más de una muerte.
No se abre la capilla el día
en que cuelgan a un hombre;
el corazón del capellán está demasiado triste
o su rostro demasiado macilento
o en sus ojos está escrito
lo que nadie debería ver.
Por eso nos encerraron hasta casi el mediodía,
pero después tocaron la campana
y los guardias haciendo tintinear las llaves
abrieron cada celda vigilante
y por las escaleras de hierro descendimos
cada uno desde su infierno particular.
Salimos al dulce aire de Dios,