De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel pero no como de costumbre,
porque la cara de uno estaba pálida de terror
y la de otro, gris:
nunca vi a hombres tan tristes que mirasen
con tanto anhelo el dÃa.
Nunca vi a hombres tan tristes que mirasen
con tal anhelo en los ojos
ese pequeño dosel azul
que los reclusos llamamos cielo,
y cada nube feliz que pasaba
tan extrañamente libre.
Pero algunos de nosotros
caminaban cabizbajos
y sabÃan que si todos recibieran su merecido,
ellos habrÃan tenido que morir en su lugar
porque él sólo habÃa matado algo vivo
mientras que ellos habÃan matado lo muerto.
Porque quien peca por segunda vez
despierta al dolor a un alma muerta
y la arranca de su manchado sudario
para hacer que sangre de nuevo,
y hacer que derrame grandes gotas de sangre
y hacer que sangre en vano.
*
Como monos o payasos con ridÃculos disfraces
estampados con flechas torcidas[23]
en silencio dábamos vueltas y más vueltas