De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel por el resbaladizo asfalto del patio;
en silencio dábamos vueltas y más vueltas
y nadie decÃa ni palabra.
En silencio dábamos vueltas y más vueltas
y en cada mente hueca
el recuerdo de cosas espantosas
pasaba como un terrible viento
y ante cada hombre el horror acechaba
y el terror reptaba tras ellos.
*
Los guardianes se pavoneaban arriba y abajo
y vigilaban su manada de bestias,
con sus uniformes impolutos,
pues llevaban la ropa del domingo,
pero nosotros conocÃamos el trabajo cumplido
por la cal viva de sus botas.
Pues donde una tumba se habÃa abierto ancha
no quedaba ni rastro de tumba,
solamente una franja de arena y barro
junto al espantoso muro de la cárcel
y un montoncito de cal ardiente
para que el hombre tuviera su sudario.
Porque este desdichado tiene un sudario
del que pocos hombres pueden presumir:
en lo más profundo, bajo el patio de una cárcel,
desnudo para mayor infamia,