De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel ni siquiera entonaron
el réquiem que podría haber llevado
paz a su espíritu maltrecho:
apresuradamente lo sacaron
y lo escondieron en un agujero.
Los guardianes lo despojaron de sus ropas
y lo entregaron a las moscas;
se burlaron de la amoratada garganta hinchada
y de la severa mirada fija,
y con risotadas liaron el sudario
en el que descansa el convicto.
El capellán no se arrodilló a rezar
ante la deshonrosa tumba
ni hizo la señal con esa santa Cruz
que Cristo dio a los pecadores,
porque aquel hombre era uno de aquellos
a los que Cristo vino a salvar.
Aun así, todo está bien; tan sólo ha cruzado
los establecidos confines de la vida;[26]
lágrimas ajenas llenarán para él
la urna de la piedad, hace tiempo rota,
porque aquellos que lloren por él serán los parias
y los parias siempre lloran.[27]
No sé si las leyes son justas
o son injustas.
Quien yace en una cárcel únicamente sabe