De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel la pálida angustia guarda la pesada puerta
y el carcelero es la desesperación.
Porque matan de hambre al niño asustado
hasta que de día y de noche no para de llorar;[29]
y hostigan al débil y azotan al loco
y se mofan del viejo canoso
y unos enloquecen y todos se envilecen
y nadie ni palabra puede decir.
Cada estrecha celda en la que habitamos
es una inmunda y oscura letrina
y el fétido aliento de la muerte viva
obstruye cada enrejada mirilla,
y todo, salvo la lujuria, se torna polvo
en esta trituradora de humanidad.
El agua salobre que bebemos
corre con fango repulsivo;
el amargo pan que pesan en balanzas
está lleno de cal y greda,
y el sueño no se duerme sino que camina
con mirada frenética clamando al tiempo.
*
Pero aunque el hambre escuálida y la pálida sed
como áspid y víbora luchen,
a nosotros no nos preocupa el rancho de la cárcel