De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel pues lo que hiela y por completo mata
es la piedra que de día uno levanta
y de noche se convierte en el propio corazón.
Siempre con la medianoche dentro del corazón
y el crepúsculo en la propia celda,
hacemos girar la manivela o rasgamos la cuerda,
cada uno en su infierno particular,
y el silencio es mucho más temible
que el sonido de una campana de bronce.
Jamás una voz humana se acerca
para decir una palabra amable;
la mirada a través de la puerta
es dura e implacable;
olvidados de todos, nos pudrimos y pudrimos
heridos en cuerpo y alma.
Y así enmohecemos la férrea cadena de la vida,
degradados y solos:
unos hombres juran y otros hombres lloran;
algunos no lanzan ni una queja,
pero las leyes eternas de Dios son clementes
y rompen el corazón de piedra.
Y cada corazón humano que se rompe
en la celda o el patio de la prisión
es como la caja rota que entregó
sus tesoros al Señor
y llenó la sucia casa del leproso
con el olor del nardo más valioso.[30]