El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere MISTRESS ERLYNNE.- ( Acercándose a él.) ¡Si lo hace usted, yo haré mi nombre tan infame que el recuerdo de él amargue cada momento de su vida y la cubra de dolor y de vergüenza! ¡Si se atreve usted a decírselo, no hay abismo de degradación que yo no sea capaz de bajar, ni precipicio de ignominia en que yo no me arroje! ¡Usted no se lo dirá!... ¡Se lo prohibo!
LORD WINDERMERE.- ¿Por qué?
MISTRESS ERLYNNE.- Si le dijese a usted que me interesaba por ella, y hasta que la quería..., ¿usted se burlaría de mí, verdad?
LORD WINDERMERE. - Comprendería que no era cierto. El amor materno quiere decir abnegación, altruismo, sacrificio. ¿Qué podría usted saber de todo eso?
MISTRESS ERLYNNE.- Tiene usted razón. ¿Qué puedo yo saber de todo eso?... Bueno; no hablemos más de la cuestión. Quedamos en que no le dirá usted a mi hija quién soy. Es mi secreto, y no el de usted. Si me decido a decírselo, y puede que así lo haga, yo misma se lo diré antes de salir de esta casa... En caso contrario, no lo sabrá nunca.
LORD WINDERMERE.- ( Con irritación.) Entonces, permítame usted que le suplique que salga de esta casa inmediatamente. Yo la disculparé con Margarita.