El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere LADY WINDERMERE.- No tema usted, duquesa; nunca lloro.
DUQUESA.- Hace usted muy bien, querida. Las lágrimas son el refugio de las feas y la ruina de las bonitas. ¡Agatha, querida!
AGATHA.- ¿Qué, mamá?
DUQUESA.- Di adiós a lady Windermere y dale las gracias por tu deliciosa visita. ( Volviéndose otra vez hacia atrás.) Y entre paréntesis: muchas gracia por haber enviado una invitación a míster Hopper..., ese australiano tan rico y de quien tanto se está hablando ahora. Su padre hizo una fortuna enorme vendiendo no sé qué clase de conservas; pero él es muy interesante, y me parece que se interesa mucho por la conversación espiritual de Agatha. Claro que nosotros sentiríamos mucho tener que separarnos de ella; pero a mi juicio, una madre que no es buena madre no se separa de una hija todos los años.
(PARKER abre la puerta del centro.) Y acuérdese usted de mi consejo: lléveselo de Londres lo antes posible. Es el único remedio. Adiós otra vez, querida. Vamos, Agatha.