El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere ( Salen la DUQUESA y LADY AGATHA.) LADY WINDERMERE.- ¡Qué horror! Ahora comprendo lo que querÃa decir lord Darlington con su ejemplo del matrimonio que no llevaban más que dos años de casados. ¡No, no es posible!... La duquesa hablaba de grandes cantidades entregadas, sin duda, a esa mujer. Yo sé dónde Arturo guarda su libreta de cheques... SÃ, en uno de los cajones de ese bureau. Si yo quisiera podrÃa enterarme. ¡Ah, yo sabré!... ( Abre el cajón.) No, no; debe ser algún error.
Indudablemente... ( Se levanta y se dirige hacia el centro de la escena.) Alguna habladurÃa estúpida. ¡Él me quiere!
¡Me quiere! Pero... ¿y por qué no mirar? Al fin y al cabo, soy su mujer; tengo derecho a hacerlo. (Vuelve al bureau , coge el libro de cheques y lo examina página por página. Al acabar, sonrÃe y exhala un suspiro de alivio. )
¡Estaba segura! ¡No hay una sola palabra de verdad en esa historia absurda! ( Vuelve a dejar el libro en el cajón. Al hacerlo asÃ, tiene un estremecimiento y saca otro libro de cheques. ) ¡Otro libro!... ¡Personal!... ¡Y cerrado con llave! ( Trata de abrirlo inútilmente. Echa de ver entonces un cortapapel del bureau , y con la ayuda de él corta la cubierta del libro. ) ¡ Mistress Erlynne!... 700 libras... ¡Mistress Erlynne, 400 libras!... ¡Oh, era verdad! ¡Qué horror!