El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere AGATHA.- Que sÃ, mamá.
DUQUESA.- ( Muy afectuosamente.) ¡A encanto! Tú siempre oportuna. ¡MÃster Hopper! ¡Jaime! Agatha acaba de contármelo todo. ¡Qué bien han guardado ustedes el secreto!
HOPPER.- ¿Entonces, no se opone usted a que me lleve a Agatha a Australia, duquesa?
DUQUESA.- ( Con gran indignación.) ¿A Australia?
¡Oh, no me hable usted de ese horrendo paÃs!
HOPPER.- Pues ella me ha dicho que le gustarÃa ir allà conmigo.
DUQUESA.- ( Severamente.) ¿Tú has dicho eso, Agatha?
AGATHA.- SÃ, mamá.
DUQUESA.- Tú siempre diciendo tonterÃas, Agatha. La plaza de Grosvenor me parece un sitio mucho más sano para vivir. Ya sé que hay una porción de gente desagradable que vive en la plaza de Grosvenor; pero siquiera no son esos horribles canguros corriendo por todos los lados. Pero bueno; ya hablaremos de esto mañana. Venga usted a almorzar a casa, como es natural. A la una y media, en lugar de a las dos. Creo que el duque querrá hablar un rato con usted.
HOPPER.- Yo también me alegraré de hablar con el duque, duquesa. TodavÃa no me ha dicho una sola palabra.