El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere ( Salen GRAHAM y el resto de los invitados. LADY
WINDERMERE observa con una mirada de sarcasmo y de tristeza a MISTRESS ERLYNNE y su marido. Ninguno de los dos se ha dado cuenta de la presencia de ella. )
MISTRESS ERLYNNE.- ¡Naturalmente! Mañana, a mediodÃa, vendrá a casa. Él querÃa hacer su declaración esta noche. Y, en realidad, no ha hecho otra cosa. Usted sabe lo que el pobre Augusto se repite. ¡Una pésima costumbre! Pero yo le he dicho que hasta mañana no podré contestarle. Claro que le diré que sÃ. Y me atrevo a asegurar que seré una esposa perfecta. Todo lo perfecta que puede ser una esposa. Además, lord Augusto tiene también sus cualidades. Y, afortunadamente, todas en la super-ficie; como deben estar siempre las buenas cualidades. Espero, como es natural, que usted me ayudará en este asunto.
LORD WINDERMERE. - ¿Supongo que no querrá usted que yo me encargue de alentar a lord Augusto?
MISTRESS ERLYNNE. - ¡Oh, no! Para alentarle me basto yo. Pero usted me asegurará una pequeña posición, ¿verdad, Windermere?
LORD WINDERMERE.- (Frunciendo el ceño.)
¿Es de eso de lo que querÃa usted hablarme esta noche?
MISTRESS ERLYNNE. - Precisamente.