El abanico de Lady Windermere

El abanico de Lady Windermere

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LORD WINDERMERE. - ( Con un gesto de impacien-cia.) No me parece oportuno aquí.

MISTRESS ERLYNNE. - ( Riendo.) Vayamos entonces a la terraza. Hasta los negocios requieren un fondo pintoresco, ¿no le parece a usted, Windermere? Con un fondo apropiado, una mujer puede permitírselo todo.

LORD WINDERMERE.- ¿Y no sería lo mismo mañana?

MISTRESS ERLYNNE.- No; mañana tengo que contestar a lord Augusto. Y creo que no estaría mal que le dijese que contaba... ¿Qué cantidad le parece a usted?... ¿Dos mil libras al año? Herencia de un primo tercero..., o un segundo marido..., o cualquier otro pariente lejano por el estilo, ¿No cree usted que sería un atractivo más? A ver, se le presenta a usted una deliciosa ocasión de decirme un cumplido. Pero no; no tiene usted disposición para los cumplidos.

Sin duda Margarita le tiene a usted muy mal acostumbrado. Y hace mal. Cuando los hombres dejan de decir cosas agradables, dejan también de pensarlas. Bueno; volviendo a lo que hablábamos,

¿le parece a usted dos mil libras? O mejor, dos mil quinientas. En la vida moderna hay que contar con los extraordinarios. ¿No encuentra usted, Windermere, que el mundo es una cosa muy divertida? Yo sí lo encuentro. ( Salen ambos a la terraza. Vuelve a dejarse oír la música.)


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