El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere PARKER.- Sí, señora.
MISTRESS ERLYNNE. - ¡Gracias! ( Sale PARKER. Cesa la música en el salón de baile. ) ¡Salido de la casa! ¡Una carta para su marido! ( Se dirige a la mesa y mira la carta, la coge y vuelve a dejarla, con un estremecimiento de espanto. ) ¡No! ¡No! ¡Imposible! ¡La vida no repite así sus tragedias! ¿Cómo puede habérseme ocurrido semejante absurdo? ¿Por qué me viene ahora a la memoria el único momento de mi vida que querría olvidar? ¿Sería posible que la vida repitiese sus tragedias ? (Abre el sobre y lee la carta.
Enseguida se desploma en un sillón con un gesto de agonía. )
¡Horrible! ¡Horrible! ¡Las mismas palabras que hace veinte años escribí yo a su padre! ¡Y qué duramente he sido castigada por ellas! ¡Ah, no; mi castigo, mi verdadero castigo empieza esta noche, ahora!
( Entra LORD WINDERMERE.) LORD WINDERMER.E.- ¿Se ha despedido usted ya de Margarita?
MISTRESS ERLYNNE.- ( Estrujando la carta para ocultarla.) Sí.
LORD WINDERMERE. - ¿Dónde está?
MISTRESS ERLYNNE.- Está muy cansada... Se ha ido a descansar... Dijo que le dolía un poco la cabeza.
LORD WINDERMERE.- Voy a verla. Con su per-miso...