El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere MISTRESS ERLYNNE. - ( Poniéndose en pie precipi-tadamente. ) ¡Oh, no, no es nada! Un poco de cansancio, simplemente. Además, todavía quedan invitados en el comedor. Tiene usted que disculparla.
Dijo que deseaba que no la molestasen. ( Se le cae la carta.) Me encargó se lo dijese a usted.
LORD WINDERMERE. - ( Recogiendo la carta.) Se le ha caído a usted una cosa.
MISTRESS ERLYNNE.- ¡Ah, sí, gracias, es mía!
( Extendiendo la mano para cogerla.) LORD WINDERMERE. - ( Mirando todavía la carta.)
¿Pero no es ésta letra de mi mujer?
MISTRESS ERLYNNE.- ( Apoderándose de la carta rápidamente.) Sí.... es... una dirección. ¿Quiere usted decir que avisen a mi coche?
LORD WINDERMIERE. - ¡Con mucho gusto!
( Sale.)
MISTRESS ERLYNNE. - ¡Gracias! ¿Qué hacer?