El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere LADY WINDERMERIE.- ( Tristemente.) ¡Ya no lo quiero!
MISTRESS ERLYNNE.- SÃ, le quiere usted; y usted sabe que la adora.
LADY WINDERMERE.- Él no sabe lo que es el amor. Tan ignorante está de él como usted... Pero de sobra veo lo que usted quiere... SerÃa para usted un gran triunfo hacerme volver a casa. ¿Y qué vida serÃa entonces la mÃa? ¡Vivir a merced de una mujer despiadada y perversa; una mujer cuyo contacto es infamante, cuyo conocimiento es deshonroso; una mujer que viene a interponerse entre marido y mujer!
MISTRESS ERLYNNE.- ( Con gesto de desesperación.)
¡Lady Windermere, lady Windermere, no diga usted esas cosas! ¡Usted no sabe lo terribles que son, lo terribles y lo injustas! ¡Escúcheme usted! ¡Es preciso que me escuche! ¡Vuelva usted junto a su marido, y le prometo que de aquà en adelante no tendré ya la menor relación con él, ni volveré a verle.... ni intervendré para nada en su vida ni en la de usted! El dinero que él me dio, no me lo dio por amor, sino por odio; no porque me quisiera, sino porque me despreciaba. La influencia que yo tengo sobre él...
LADY WINDERMERE.- ¡Ah! ¿Luego confiesa usted que tiene influencia?