El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere Fumará usted siquiera un puro, ¿no?
LORD WINDERMERE.- ¡Gracias!
AUGUSTO.- Hijo mío, no pienses en irte. Tengo que hablar mucho contigo y de cosas de suma importancia. ( Se sienta junto a la mesa de la izquierda. ) GRAHAM. - ¡Ya, ya sabemos de lo que se trata!
¿De qué va a hablar Tuppy sino de mistress Erlynne?
LORD WINDERMERE.- Pero eso no creo que tenga que ver nada contigo, ¿eh, Cecilio?
GRAHAM - ¡En absoluto! Por eso me interesa.
Mis cosas siempre me aburren mortalmente.
Prefiero las ajenas.
LORD DARLINGTON. - ¿Quieren ustedes beber algo? ¿Quieres tú un whisky and soda, Cecilio?
GRAHAM.- Gracias. ( Se dirige hacia el velador en que está LORD DARLINGTON.) ¿Te fijaste lo guapa que estaba mistress Erlynne esta noche?
LORD DARLINGTON.- Confieso que no soy uno de sus admiradores.
GRAHAM.- Yo no lo era; pero ahora lo soy. ¡Figú-
rate que me hizo que la presentara a la pobre tía Carolina! Y uno de estos días creo que va a comer allí.
LORD DARLINGTON.- ( Sorprendido.) ¿Es posible?
GRAHAM.- ¡Y tan posible!