El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere LORD DARLINGTON.- Ustedes me dispensarán, pero me voy mañana de viaje, y tengo que escribir algunas cartas. ( Se sienta a la mesa y se pone a escribir. ) DUMBY.- ¡Mujer muy inteligente, la tal mistress Erlynne!
GRAHAM.- ¡ Caramba, Dumby! Yo te creÃa dormido.
DUMBY.- ¡Y generalmente lo estoy!
AUGUSTO. - ¡Una mujer inteligentÃsima! ¡Ah! Ella sabe lo rematadamente tonto que soy yo...; lo sabe tan bien como yo mismo. (GRAHAM se vuelve hacia él, riendo.) SÃ, sÃ, rÃete, hijo mÃo; pero tú no sabes la suerte que es encontrar una mujer que nos com-prenda.
DUMBY.- ¡Una cosa peligrosÃsima! Siempre acaban por casarse con uno.
GRAHAM.- ¡Pero yo creÃa, Tuppy, que habÃas decidido no volver a verla! SÃ, anoche mismo me lo dijiste en el club. Me dijiste que te habÃan contado...
( Le habla al oÃdo.)
AUGUSTO. - ¡Oh! Ella me lo explicó todo.
GRAHAM.- ¿Y la historia de Wiesbaden?
AUGUSTO. - También me la explicó.
DUMBY.- ¿Y sus medios de existencia, Tuppy ¿Te explicó también eso?
AUGUSTO.- ( Con mucha seriedad.) Me lo explicará mañana. (GRAHAM vuelve junto a la mesa de centro.) GRAHAM.- ¡Ah! Mistress Erlynne tiene ante sà un magnÃfico porvenir.