El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere DUMBY.- ¿Un porvenir? ¡Y un pasado!
AUGUSTO.- Prefiero las mujeres que tienen un pasado. Son las únicas con que se puede hablar.
GRAHAM.- ( Levantándose y dirigiéndose de nuevo hacia él.) ¿Sí? Pues lo que es con mistress Erlynne me parece que no ha de faltarle conversación, querido Tuppy.
AUGUSTO.- Hijo mío, te estás volviendo insoportable. Si yo no fuera el hombre de mejor carácter más bonachón que hay en Londres...
GRAHAM.- Te hablaríamos con más respeto; ¿no es eso, Tuppy? ( Pasean de arriba abajo.) DUMBY.- La juventud de hoy día es tremenda. No tiene el menor respeto a los cabellos teñidos. (LOR
AUGUSTO lanza en torno suyo una mirada colérica.) GRAHAM.- Mistress Erlynne respeta muchísimo al querido Tuppy.
DUMBY.- En ese caso, mistress Erlynne da un admirable ejemplo al resto de su sexo. Es monstruoso cómo se portan hoy día la mayor parte de la mujeres con los hombres que no son sus maridos.
LORD WINDERMERE.- No digas tonterías, Dumby; y tú, Cecilio, procura contener un poco la lengua. Me parece que ya es hora de que dejéis en paz a mistress Erlynne. Realmente, no sabéis nada en contra suya y, sin embargo, os pasáis el día difamándola.