El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere GRAHAM.- Mi querido Arturo, yo nunca difamo a nadie. Me contento con chismorrear lo que puedo.
LORD WINDERMERE.- ¿Y qué diferencia ves entre la difamación y la chismografía?
GRAHAM.- ¡Oh, la chismografía es siempre deliciosa! La Historia no es más que una simple chismografía. La difamación, en cambio, es la chismografía echada a perder por la moral. Y yo jamás moralizo. Un hombre que moraliza es, generalmente, un hipócrita. Y una mujer que moraliza, es invariablemente fea. No hay nada en el mundo tan molesto como la conciencia de una puritana. Afortunadamente, casi todas lo saben.
AUGUSTO.- Lo mismo pienso yo, querido; exacta-mente lo mismo.
GRAHAM.- Lo siento, Tuppy; en cuanto alguien está de acuerdo conmigo, se me antoja que debo estar equivocado.
AUGUSTO. - Hijo mío, cuando yo tenía tu edad...
GRAHAM.- ¡Pero si nunca la has tenido, Tuppy!
¡Ni la tendrás! ( Dirigiéndose a la mesa donde está LORD
DARLINGTON.) Oye, Darlington, ¿tendrías por ahí unas cartas? ¿Tú jugarás, eh, Arturo?
LORD WINDERMERE.- No, gracias; no puedo.