El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere DUMBY.- ( Suspirando.) ¡Santo Dios! ¡Cómo estropea el matrimonio a un hombre! Es tan perjudicial como el fumar, y mucho más costoso.
GRAHAM.- ¿Tú sà jugarás, verdad, Tuppy?
AUGUSTO.- ( Sirviéndose un brandy and soda.) Imposible, querido. He jurado a mistress Erlynne no volver a jugar ni a beber.
GRAHAM.- Mi querido Tuppy, no vayas ahora a dejarte extraviar por los senderos de la virtud. En cuanto te corrijas serás una perfecta calamidad, y no habrá quien te soporte. Eso es lo peor que tienen las mujeres. Todas se empeñan en que seamos buenos.
Y si por casualidad lo somos cuando las cono-cemos, no se enamoran de nosotros. Les gusta encontrarnos malos, con todos los defectos, y dejarnos buenos, sin ningún atractivo.
LORD DARLINGTON.- ( Levantándose de la mesa, donde ha estado escribiendo. ) ¡Siempre nos encuentran malos!
DUMBY.- No creo que seamos malos. Al contrarÃo, todos somos buenos, exceptuando a Tuppy.
LORD DARLINGTON.- No; todos vivimos en el cieno, pero algunos levantamos los ojos hacia las estrellas. ( Se sienta junto al velador del centro. ) DUMBY.- ¿Todos vivimos en el cieno, pero algunos levantamos los ojos hacia las estrellas? ¡Caramba, Darlington! ¿Sabes que estás romántico esta noche?