El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere DUMBY.- Pues te doy la enhorabuena. En este mundo no hay más que dos tragedias: una, no conseguir lo que se desea; otra, conseguirlo. La segunda es la peor de las dos. ¡Ah, ésa sà que es una verdadera tragedia! Por eso me alegro de saber que no te quiere. Oye, Cecilio, ¿cuánto tiempo podrÃas tú querer a una mujer que no te correspondiese?
GRAHAM.- ¿A una mujer que no me correspondiese? ¡Oh, toda la vida!
DUMBY.- Como yo. Pero ¡es tan difÃcil encon-trarla!
LORD DARLINGTON.- ¿Cómo podrás ser tan presuntuoso, Dumby?
DUMBY.- Te aseguro que no lo digo por presun-ción. Lo digo con pena. El caso es que me han querido ciegamente, locamente. Y lo deploro. No sabes lo molesto que ha sido. A mà me gusta, de cuando en cuando, tener algún tiempo libre.
AUGUSTO.- ¿Para educarte, sin duda?
DUMBY.- No, para olvidar lo aprendido. Que es mucho más importante, querido Tuppy.
LORD DARLINGTON.- ¡Qué partida de cÃnicos sois!
GRAHAM.- ¿Y qué es un cÃnico?
LORD DARLINGTON.- Un hombre que conoce el precio de todo y el valor de nada.