El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere GRAHAM.- ¿De verdad? ¿Qué me dices?... Oye Tuppy, un momento.
(LORD AUGUSTO no se entera.)
DUMBY.- Es inútil que llames a Tuppy. En este instante es lo mismo que si hablases a una pared.
GRAHAM.- Te advierto que a mí no me gusta hablar con las paredes. Son las únicas que jamás m contradicen. ¡Tuppy!
AUGUSTO.- ¿Qué, qué ocurre? ¿Qué ocurre?
( Levántase y se dirige hacia GRAHAM.) GRAHAM.- Ven aquí, es un secreto. ( Aparte.)
¿Podrás creer que Darlington, que nos ha estado predicando de moral, y de la pureza del amor, y de otras zarandajas por el estilo, tenía todo este tiempo aquí, en su casa, escondida a una mujer?
AUGUSTO.- ¿Qué me dices? ¡No es posible!
GRAHAM.- ¡Te digo que sí! Mira, ahí está su abanico. ( Señalando el abanico. ) AUGUSTO.- ( Conteniendo a duras penas la risa.)
¡ Caramba! ¡Ésa sí que es buena!
LORD WINDERMERE.- No tengo más remedio que irme, lord Darlington. Siento que se vaya usted tan pronto de Inglaterra. Tenga usted la bondad de venir a casa cuando regrese. Mi mujer y yo tendremos mucho gusto en verle.