El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere LORD DARLINGTON.- ( Dirigiéndose a la puerta con LORD WINDERMERE.) Me parece que tardaré bastantes años en volver a Inglaterra. ¡Buenas noches!
GRAHAM. - ¡Arturo!
LORD WINDERMERE.- ¿Qué?
GRAHAM.- Espera. Tengo que decirte una cosa.
¡Ven, ven aquí!
LORD WINDERMERE. - ( Poniéndose el abrigo.) No puedo... Tengo que irme.
GRAHAM. - Es algo muy particular. Ya verás cómo te interesa.
LORD WINDERMERE.- ( Sonriendo.) Alguna tontería, sin duda.
GRAHAM.- ¡Qué ha de ser! Ven y verás.
AUGUSTO.- ( Dirigiéndose hacia él.) Hijo mío, no es posible que pienses irte. Tengo mucho que hablar contigo. Y Cecilio quiere enseñarte una cosa.
LORD WINDERMERE. - ( Caminando hacia GRAHAM.) Sí? ¿El qué?
GRAHAM.- Darlington tiene una mujer escondida en su casa. Ahí está su abanico. ¿Gracioso, eh?
LORD WINDERMERE.- ( Estremeciéndose.) ¿Qué es esto? ¿Cómo es posible? ( Se apodera del abanico. ) GRAHAM.- ¿Qué pasa?
LORD WINDERMERE. - ¡Lord Darlington!
LORD DARLINGTON.- ¿Me llamaba usted?