El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere ROSALÍA.- ¿Me llamaba la señora?
LADY WINDERMERE.- Sí. ¿Se ha enterado usted ya de la hora a que volvió anoche el señor?
ROSALÍA.- El señor no volvió hasta las cinco.
LADY WINDERMERE.- ¿Las cinco? ¿Sabe usted si esta mañana llamó a mi cuarto?
ROSALÍA. - Sí, señora, a las nueve y media. Le dije que la señora aún no se había despertado.
LADY WINDERMERE.- ¿Y no dijo nada?
ROSALÍA.- Sí, algo dijo del abanico de la señora; pero no acabó de comprenderlo. ¿Se le ha perdido acaso el abanico a la señora? Yo no lo he encontrado, y Parker dice que tampoco se quedó en ninguno de los salones. He mirado en todos, y también en la terraza.
LADY WINDERMERE. - Bueno, no importa.
Dígale a Parker que no se moleste más. Ya aparecerá. ( Sale ROSALÍA. LADY