El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere LORD DARLINGTON.- ( Después de una ligera vacilación.) Pues, porque creo que podríamos ser grandes amigos. ¿Quiere usted que lo seamos? ¡Quién sabe!
Puede que algún día tenga usted necesidad de un verdadero amigo.
LADY WINDERMERE.- ¿Por qué dice usted eso?
LORD DARLINGTON.- ¡Oh! Todos necesitamos a veces de amigos.
LADY WINDERMERE. - Pero me parece, que ya somos excelentes amigos, lord Darlington. Y espero que lo seremos siempre, mientras usted no...
LORD DARLINGTON.- ¿No qué?
LADY WINDERMERE.- No eche a perder nuestra amistad diciéndome tonterías. ¿Qué piensa usted? ¿Que soy una puritana? Pues, sí, señor; algo tengo de puritana. Así me educaron. De lo que me alegro mucho. Mi madre murió cuando yo era niña.
Toda mi infancia y toda mi juventud las pasé con mi tía Julia, la hermana mayor de mi madre, como usted sabe. Era muy severa conmigo, es cierto; pero, en cambio, me enseñó una cosa que el mundo empieza a olvidar: la diferencia que hay entre lo que está bien y lo que está mal. Tratándose de cosas morales, ella no transigía nunca. Como yo tampoco transijo.