El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere LORD WINDERMERE. - ( Cogiéndole una mano.) Margarita, yo creía que mistress Erlynne era una mujer más víctima que culpable. Creí que sería buena, que volvería a ocupar un sitio que un momento de locura le había hecho perder, y a llevar de nuevo una vida respetable. Creí lo que ella misma me dijo...
Ahora reconozco mi error. Mistress Erlynne es mala... Todo lo mala que una mujer puede ser.
LADY WINDERMERE.- Arturo, Arturo, no hables con esa dureza de una mujer. Yo no creo que las personas puedan ser divididas en buenas y malas, como lo son en especies y razas distintas. Las mujeres que llamamos buenas también llevan en sí muchas cosas terribles, crisis de locura, de orgullo, de celos, de pecado. Las mujeres malas, como nosotros las llamamos, pueden conservar, en cambio, impulsos de arrepentimiento, de dolor, de compasión, de sacrificio... Y yo no creo que mistress Erlynne sea una mujer mala... Estoy segura de que no lo es.
LORD WINDERMERE. - ¡Tú qué puedes saber de eso, Margarita! Yo te digo que es una mujer imposible. Haga lo que haga, aunque intente perjudicarnos, tú no la debes volver a ver. Es una de esas mujeres que no pueden admitirse en ninguna parte.
LADY WINDERMERE. - Pues yo quiero verla.
Quiero que vuelva aquí.
LORD WINDERMERE.- ¡Nunca!