El Amigo fiel
El Amigo fiel Pero por una cosa o por otra nunca podía cuidar sus flores de ninguna manera, pues siempre llegaba su amigo el molinero y le mandaba a largos recados, o le llevaba a que le ayudase en el molino. El pobre Hans estaba muy angustiado algunas veces, pues temía que sus flores creyeran que se había olvidado de ellas, pero se consolaba con el pensamiento de que el molinero era su mejor amigo.
-Además -solía decirse-, me va a regalar su carretilla, y eso es un acto de pura generosidad.
Así es que el pequeño Hans trabajaba para el molinero, y el molinero decía toda clase de cosas hermosas sobre la amistad, las cuales anotaba Hans en un cuaderno y releía por la noche, pues era todo un intelectual.
Ahora bien, sucedió que una tarde estaba el pequeño Hans sentado junto a su fuego cuando sonó un fuerte golpe seco en la puerta. Era una noche muy tormentosa, y el viento soplaba y rugía alrededor de la casa tan terriblemente que en un primer momento pensó que era sólo la tormenta. Pero vino un segundo golpe seco, y luego un tercero, más fuerte que los otros.
-Será algún pobre viajero -se dijo el pequeño Hans, y corrió a la puerta.
Allí estaba el molinero, con una linterna en una mano y un gran bastón en la otra.