El Amigo fiel
El Amigo fiel -Es verdaderamente un gran privilegio oÃrte hablar -replicó el pequeño Hans, sentándose y enjugándose la frente-, un privilegio muy grande, pero me temo que yo no tendré nunca ideas tan hermosas como las que tienes tú.
-¡Oh, ya te vendrán! -dijo el molinero-, pero has de esforzarte más. Ahora tienes sólo la práctica de la amistad; algún dÃa tendrás la teorÃa también.
-¿Crees realmente que la tendré? -preguntó el pequeño Hans.
-No me cabe la menor duda respecto a eso -contestó el molinero-, pero ahora que has arreglado el tejado, serÃa mejor que fueras a casa a descansar, pues quiero que mañana lleves mis ovejas a la montaña.
El pobre pequeño Hans no se atrevió a decir nada, y a la mañana siguiente, muy temprano, el molinero le llevó las ovejas hasta la casita, y Hans se puso en camino con ellas hacia el monte. Le llevó el dÃa entero llegar allà y volver; y cuando regresó estaba tan cansado que se quedó dormido en una silla, y no se despertó hasta que era pleno dÃa.
-¡Qué tiempo tan delicioso voy a pasar en mi jardÃn! -se dijo.
Y se puso inmediatamente a trabajar.