El Amigo fiel
El Amigo fiel -Querido pequeño Hans -exclamó el molinero-, estoy en un gran apuro: mi hijo pequeño se ha caÃdo de una escalera y se ha hecho daño, y voy a buscar al médico. Pero vive tan lejos y hace una noche tan mala, que se me acaba de ocurrir que serÃa mucho mejor si fueras tú en mi lugar. Ya sabes que voy a darte mi carretilla, y por tanto serÃa justo que hicieras algo por mà a cambio.
-¡No faltarÃa más! -exclamó el pequeño Hans-; considero un cumplido que recurras a mÃ, y me pondré en camino inmediatamente. Pero debes prestarme tu linterna, porque la noche es tan oscura que me da miedo que pueda caerme a la acequia.
-Lo siento mucho -replicó el molinero-, pero es mi linterna nueva, y serÃa una gran pérdida si algo le ocu-rriera.
-Bueno, no importa. Me las arreglaré sin ella -exclamó el pequeño Hans.
Y cogió su gran abrigo de pieles y su gorra escarlata que le abrigaba tanto, se enrolló una bufanda alrededor del cuello y se puso en marcha.
¡Qué tormenta más espantosa! La noche era tan negra que el pequeño Hans casi no podÃa ver, y el viento era tan fuerte que a duras penas podÃa mantenerse en pie. Sin embargo, era muy animoso, y después de haber andado unas tres horas llegó a casa del médico y llamó a la puerta.