El Crimen de lord Arthur Saville
El Crimen de lord Arthur Saville —Y la mala también, a veces —contestó Lady Windermere—. El año próximo, por ejemplo, me veré expuesta a grandes peligros por tierra y por mar. No tendré, pues, más remedio que vivir en globo. Todo eso está escrito aquÃ, en mi dedo meñique… o en la palma de la mano; no recuerdo bien.
—Pero eso, indudablemente, es tentar a la Providencia, Gladys.
—Mi querida Duquesa, la Providencia en estos tiempos, seguramente es capaz de resistir la tentación. Estimo que todo el mundo deberÃa hacerse leer las manos una vez al mes, con objeto de decidir lo que no debiera hacer. Claro está que se harÃa lo mismo, pero ¡es tan agradable saber lo que puede ocurrir! Ahora, si no va alguien inmediatamente en busca de Mr. Podgers habré de ir yo misma.
—PermÃtame que vaya yo, Lady Windermere —dijo un joven de elevada estatura y gran distinción, que se mantenÃa a su lado, escuchando la conversación con sonrisa regocijada.
—Muchas gracias, Lord Arthur, pero temo que no lo reconozca usted.
—Si es tan extraordinario como usted dice, Lady Windermere, no podré confundirle. DÃgame usted cómo es y se lo traeré inmediatamente.