El Crimen de lord Arthur Saville
El Crimen de lord Arthur Saville —Bueno, no tiene nada de quiromántico: quiero decir que no tiene aire misterioso, ni esotérico, ni romántico. Es un hombre bajito, gordo, con una calva muy cómica y grandes gafas de oro; algo entre el médico vulgar y un notario de pueblo. Yo lo siento mucho, pero no es culpa mÃa. ¡La gente es tan absurda! Todos mis pianistas tienen aire de poetas, y todos mis poetas facha de pianistas. Recuerdo que la primavera pasada invité a comer a un conspirador terrible; un hombre que habÃa hecho volar con dinamita a innumerables personas, que llevaba siempre cota de malla y un puñal oculto, ¿querrán ustedes creer que, a pesar de todo, tenÃa un perfecto tipo de clérigo y se pasó la noche haciendo chistes? Verdad es que resultó muy divertido; pero yo me quedé horriblemente desilusionada y cuando le pregunté por la cota de malla se echó a reÃr y dijo que hacÃa demasiado frÃo en Inglaterra para usarla. ¡Pero, aquà está Mr. Podgers! Mr. Podgers, deseo que lea usted la mano de la Duquesa de Paisley. Duquesa, tiene usted que quitarse el guante; no, el de la mano izquierda no; el de la derecha.
—Querida Gladys, no sé si estará bien… —dijo la Duquesa, desabotonándose un guante de cabritilla un tanto sucio.