El Crimen de lord Arthur Saville
El Crimen de lord Arthur Saville —Las cosas realmente interesantes nunca lo están —aseguró Lady Windermere—. On a fait le monde ainsi. Pero debo presentarles a ustedes: Mr. Podgers, mi quiromántico favorito; la Duquesa de Paisley. Como le diga usted que tiene el monte lunar más desarrollado que el mÃo, no le volveré a creer una palabra.
—Estoy segura de que no hay nada de eso en mi mano, querida Gladys —dijo la Duquesa gravemente.
—Tiene usted mucha razón, Duquesa —dijo MÃster Podgers, echando una ojeada a su mano regordeta y corta—. El monte lunar no está desarrollado. La lÃnea de vida, sin embargo, es excelente. Tenga la bondad de doblar la muñeca. Gracias. Tres lÃneas perfectamente visibles en la rascette. Vivirá usted muchos años, Duquesa, y será extraordinariamente feliz. Ambiciones… moderadas; la lÃnea de la inteligencia, no muy exagerada; la lÃnea del corazón…
—Vamos, sea usted indiscreto, Mr. Podgers —exclamó Lady Windermere.
—Nada me agradarÃa tanto —dijo Mr. Podgers, inclinándose—, si el carácter de la Duquesa me diera lugar a ello, pero siento tener que decirlo: veo una gran constancia afectiva, combinada con un fuerte sentimiento del deber.
—Continúe usted, Mr. Podgers —dijo la Duquesa, con aire de satisfacción.