El Crimen de lord Arthur Saville
El Crimen de lord Arthur Saville —La economÃa no es una de sus virtudes, Duquesa —prosiguió Mr. Podgers, mientras Lady Windermere estallaba a carcajadas.
—La economÃa es una excelente cualidad —observó la Duquesa complacida—. Cuando me casé con Paisley, tenÃa once castillos y ni una sola casa habitable.
—Y ahora tiene doce casas y ni un solo castillo —exclamó Lady Windermere.
—SÃ, querida —dijo la Duquesa—. A mà me gusta…
—La comodidad —prosiguió Mr. Podgers— y los adelantos modernos y el agua caliente en todos los dormitorios. La Duquesa está en lo cierto. La comodidad es lo único bueno que ha producido nuestra civilización.
—Ha definido usted admirablemente el carácter de la Duquesa, Mr. Podgers; ahora tiene usted que aclaramos el de Lady Flora —y, atendiendo a una señal amable de Lady Windermere, una muchacha alta, de cabellos rufos y muy subida de hombros, avanzó tÃmidamente y exhibió una larga mano huesuda, con dedos como espátulas.
—Una pianista, por lo que veo —dijo Mr. Podgers— una excelente pianista, pero muy poco música. Muy reservada, muy tÃmida y muy amante de los animales.